Esta plaga, conocida como “mosca de la fruta” es típica en locales gastronómicos, en la industria alimentaria y también suele estar presente en las cocinas de nuestras viviendas. Es la mosca pequeña más común e importante en establecimientos de procesamiento y conservación de alimentos y, en la industria del vino. Dentro del género, se citan distintas especies como: D. melanogaster, D. funebris y D. buzatti.
Puede contaminar a través del transporte de gran cantidad de gérmenes patógenos, como Escherichia coli y Salmonella enteriditis, causantes de enfermedades de transmisión alimentaria. Son potenciales transmisoras de diarreas, fiebre tifoidea, disentería, cólera, lepra, poliomielitis y helmintos parásitos. Además, son un estorbo y generan gran nerviosismo en las personas cuando se las puede observar revoloteando en los interiores de restaurantes y de hogares.
Tiene el aspecto de una pequeña mosca doméstica. Su cuerpo es de aspecto frágil. El adulto mide entre 3 y 4 milímetros de longitud. Su color es canela, marrón amarillento o marrón oscuro. Esta mosquita tiene una característica diferencial que son sus ojos rojos.
Su ciclo biológico es muy corto, se cumple, en condiciones ambientales de 25º C de temperatura, 80% de humedad relativa y con alimento abundante, en apenas 12 a 20 días. De huevo a adulto necesita, tan sólo, de 9 a 12 días; y las larvas eclosionan en apenas 30 horas.
Una hembra coloca alrededor de 500 huevos. Los huevos son alargados, blancuzcos y de dimensiones diminutas. Las larvas son pequeñas y blancuzcas. Este estadio transcurre en 5 a 7 días. Las pupas tienen forma de barrilito de color pardo claro. La vida promedio de los Adultos es de 15 a 20 días.
Su presencia obedece a que en algún lugar del inmueble han detectado un sustrato conveniente para la oviposición. Suele localizarse en áreas donde se encuentran frutas sobre-maduras o azúcares en fermentación, pero también donde hay materiales frescos, como cítricos o los restos de verduras de hoja en el cesto de basura. También son atraídas por los residuos que quedan de las máquinas expendedoras de gaseosas. Igualmente le agradan los alimentos con alto contenido de ácido acético. Asimismo los restos vegetales húmedos que, luego de una desprolija limpieza, quedan en intersticios y comienzan a fermentar, atraen a las hembras que depositan sus huevos.

