Conocida coloquialmente como “mosca casera” o “mosca doméstica”, se constituye en la plaga cosmopolita más común, desarrollándose tanto en áreas urbanas como rurales. Tiene gran importancia sanitaria por ser, potencialmente, portadora de microorganismos responsables de diferentes enfermedades, además contamina mecánicamente, a través de sus excrementos y regurgitaciones que depositan sobre vajilla y  alimentos.

Son vectores importantes de varias infecciones entéricas que afectan al hombre y a los animales domésticos. La talla de los machos es de 4,5 a 7,0 milímetros de longitud y la de las hembras es de 7 a 10 milímetros. Tienen antenas pequeñas aristadas de  tres segmentos.

Son insectos termodependientes (la velocidad de su ciclo de vida varía significativamente en función de la temperatura, el cual puede completarse en alrededor de 20 días.)

Sus huevos son de color blanco, de forma elíptica, de 1,0 milímetro de longitud y 0,25 de diámetro. Son depositados en masas de 75 a 100 unidades. La eclosión de la larva se produce a los 8 a 12 días de la puesta. Las mismas carecen de ojos, aunque responden a diferencias de intensidad luminosa.

Durante el día se las puede encontrar cerca de sus fuentes de alimento y de los lugares de reproducción. En días calurosos escapan de las superficies soleadas y penetran en lugares cubiertos. Durante la noche descansan posadas en cielorrasos, en la parte superior de las paredes, en cables, cordeles, bordes y superficies ásperas.

Se nutre con alimentos humanos, basuras, excretas y material animal o vegetal en descomposición. Los lugares donde se alimenta suelen estar a no más de 100 a 500 metros de los lugares de reproducción.