Conocida comúnmente como “hormiga faraón”; es potencialmente riesgosa para la salud pública, por trasladarse por áreas contaminadas y transportar agentes patógenos a areas críticas.
No es una plaga por lo que consume, sino porque coloniza lugares críticos, como ser laboratorios donde la asepsia necesita ser prácticamente absoluta (viviendas, hospitales, colegios, albergues, hospicios, etc.). Su presencia es ingrata. Es, posiblemente, la especie de hormiga más dificultosa de controlar, pudiendo sobrevivir a los tratamientos de control convencionales.
Las obreras son de color amarillo a marrón rojizo y los machos de color casi negro. Obreras y machos miden entre 1,2 y 2,0 milímetros de longitud. Las reinas miden unos 4,0 milímetros de longitud y son más oscuras que las obreras.
La dimensión de la colonia puede variar desde unas docenas de individuos hasta unos miles e inclusive unos cientos de miles. En las colonias grandes puede haber unos cientos de reinas. Las obreras son monomórficas, es decir todas del mismo tamaño.
En Buenos Aires anidan en edificios, aprovechando que están calefaccionados en invierno. El lugar donde hacen sus nidos suele ser un área caliente (con temperaturas de 26 a 30º C), con humedad relativa alta (80%) y cerca de fuentes de alimentación y agua, por ejemplo, en paredes huecas, detrás de azulejos, caños de electricidad, contiguo a cañerías. Se alimentan de dulces, jugos de frutas, miel, gelatina, carnes y grasas.

